Every word of God stands true…
He does not lie, He does not change.
He promised Abraham a nation,
stars in the sky, sand on the shore.
Through David’s line a King would come,
to reign forevermore.
Though the earth may shake, His word remains,
He is faithful, His covenant stands.
All His promises are yes and amen,
sealed in Christ, the faithful One.
Heaven and earth may pass away,
but His word endures forever.
He promised strength to the weary…
Rest for the broken, hope for the lost.
He promised His Spirit to dwell within…
A Helper, a Fire that will not fade.
I will never leave you…
I will never forsake you…
My covenant is eternal…
Faithful and true is the Lord our God.
All His promises are yes and amen,
sealed in Christ, the faithful One.
Heaven and earth may pass away,
but His word endures forever.
The grass withers, the flowers fall…
But the word of our God stands forever.
Cada palabra de Dios es verdadera…
Él no miente, Él no cambia.
Prometió a Abraham una nación,
estrellas en el cielo, arena en la orilla.
Por la línea de David vendría un Rey,
para reinar para siempre.
Aunque la tierra se mueva, Su palabra permanece,
Él es fiel, Su pacto se mantiene.
Todas Sus promesas son sí y amén,
selladas en Cristo, el fiel.
El cielo y la tierra pasarán,
pero Su palabra permanece para siempre.
Prometió fuerza al cansado…
descanso al quebrantado, esperanza al perdido.
Prometió Su Espíritu para habitar dentro…
un Ayudador, un fuego que no se apaga.
Nunca te dejaré…
nunca te abandonaré…
Mi pacto es eterno…
fiel y verdadero es el Señor nuestro Dios.
Todas Sus promesas son sí y amén…
La hierba se seca, las flores caen…
pero la palabra de nuestro Dios permanece para siempre.
El eje es claramente la doctrina de la fidelidad de Dios, muy arraigada en toda la narrativa bíblica.
El inicio establece un atributo fundamental: Dios no cambia. Esto conecta con pasajes como Malaquías 3:6 y Hebreos 13:8, donde la estabilidad divina contrasta con la inestabilidad humana.
La mención de Abraham introduce la teología del pacto. No es solo una promesa individual, sino el inicio de una línea redentora que atraviesa toda la Escritura. La imagen de las estrellas y la arena refuerza la idea de abundancia y continuidad.
Luego aparece David, que introduce la promesa mesiánica. Aquí la canción conecta directamente con la expectativa del Reino eterno que se cumple en Cristo.
La frase “aunque la tierra tiemble” introduce el contraste entre creación cambiante y palabra inmutable. La creación es dinámica, pero la palabra de Dios es firme.
Cuando se menciona que las promesas son “sí y amén en Cristo”, se introduce la cristología paulina de 2 Corintios 1:20. Cristo no solo recibe las promesas, sino que las encarna y las asegura.
El bloque sobre fortaleza, descanso y Espíritu introduce la dimensión experiencial del pacto. No es solo historia antigua, sino realidad presente en la vida del creyente.
La promesa del Espíritu como “fuego que no se apaga” conecta con Pentecostés y la presencia continua de Dios en la iglesia.
El “nunca te dejaré” introduce la idea de presencia constante, no condicional. Es un lenguaje de pacto, no de circunstancia.
El cierre con Isaías 40:8 (“la hierba se seca…”) refuerza la diferencia entre lo temporal y lo eterno. Todo lo creado es transitorio, pero la palabra divina permanece.
En conjunto, la canción no solo habla de promesas, sino de coherencia divina a través del tiempo. Todo lo que Dios ha dicho no se fragmenta ni se contradice, sino que encuentra su cumplimiento final en Cristo.